ATENCIÓN EN LA COCINA - Método Sáncal
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ATENCIÓN EN LA COCINA

El fósforo se enciende por la fricción e ilumina los dedos colocados en pinza que lo sujetan. Con la mano derecha sostiene el pulsador que posibilita la salida de gas, mientras, la mano izquierda (fuego en mano), se acerca hacia el fogón. Mientras, mira la llama la cual baja imparable hacia las punta de sus dedos. El fogón prende, la mano del fósforo se zarandea dejando en el aire una tímida nube de humo. Por último, la mano que sujetaba el pulsador del gas, aguanta unos segundos más para que la lumbre se mantenga fija, hemos empezado a cocinar.

 

La acción de cocinar es un acto cotidiano que la mayoría de nosotros realizamos con más o menos esmero. Su dificultad radica en el manejo de utensilios como el cuchillo y magnitudes como la temperatura y el tiempo. Para llevar a cabo semejante proeza, nuestra función atencional se pone a prueba y demuestra una capacidad increíble para llevar a buen término la elaboración de cualquier delicatesen.

 

La atención es la capacidad para focalizar la consciencia en ciertos aspectos del entorno a través de cualquiera de nuestros sentidos. Si no hay atención, la información no llega a nuestro cerebro, de hecho si la atención está completamente ausente estamos hablando de un estado en coma. Además, no se trata de una función unitaria, sino que se puede dividir en diferentes mecanismos de forma conjunta y coordinada. Todo ello se puede ejemplificar en el honorable acto de la transformación de alimentos en algo digerible: La Cocina.

 

Atención focalizada: Esta noche hay cena familiar en casa, esperas la llegada de los invitados mientras vas preparando la comida. Suena el portero y giras la cabeza ante el sonido. Se trata de la habilidad para enfocar la atención a un estímulo.

 

Atención sostenida: capacidad para mantener una respuesta de forma consciente durante un periodo de tiempo prolongado. Estás mirando cómo se está dorando los ajos durante 30 segundos para que no se quemen, ya sabes que amargan en ese estado.

 

Atención selectiva: aquí hablamos de un filtro, al igual que la pasta es escurrida para dejar solo los macarrones, la atención selecciona lo relevante y además inhibe aquello que no le es. Los estímulos distractores son inhibidos al mismo tiempo que la atención se focaliza en otros estímulos. Estás mezclando la salsa y en la cocina están tus sobrinos jugando y haciendo jaleo, inhibes los gritos de los pequeños para concentrarte en la tarea.

 

Atención alternante: cambiar el foco de atención entre dos estímulos: intentas abrir una botella de vino, pero en ese momento suena el teléfono, respondes a el. Terminada la conversación, vuelves de nuevo a tu lucha personal con el corcho de la botella.

 

Atención dividida: varias respuestas al mismo tiempo. Volvemos a los ajos, calculas que le quedará unos 40 seg y la pasta está en su mejor momento, al dente. Retiras del fuego la pasta para escurrirla mientras no dejas de mirar por el rabillo del ojo a los ajos para que no se quemen.

 

Este conjunto de procesos atencionales se expresan a lo largo del día y en todas las actividades que realizamos. Desde hablar por teléfono mientras cerramos la puerta de casa o enroscar el tapón de la botella mientras ya estamos bebiendo. Para aquellos que no sufrimos ningún problema en ninguna de estas áreas lo experimentamos de forma automática. Pero para aquellos que cursan con algún déficit atencional, realizar las tareas más básicas de la vida diaria se convierte en un trabajo difícil y para algunos imposible. De ese modo la rehabilitación neuropsicológica juega un papel determinante en su intento de preservar aquellas funciones dañadas y de adaptar la vida del paciente a la consecución de una mejor funcionalidad.

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